La Tercera

Pueden estar en varios lugares, como una peluquería o la sala de espera de una clínica dental. Son los mejores amigos al momento de esperar o mientras, incluso, se realiza un largo viaje. Se trata de los crucigramas, esos pequeños juegos didácticos que son todo un clásico.

Hoy, sin embargo, no sólo son un preciado objeto para matar los momentos de ocio. También se han transformado en una herramienta de emprendimiento. Es el caso de Patricia Hellberg, profesora de profesión y amante de los crucigramas, quien decidió aplicarlos a la docencia. Actualmente, sus crucigramas interactivos causan furor.

“Toda la vida me ha gustado resolverlos. Una vez me encontré con el desafío de hacer yo misma uno y me gustó. Desde ahí los comencé a diseñar”, cuenta.

Patricia, de 61 años, trabajó durante 35 años como profesora de matemáticas y hoy se dedica a tiempo completo al desarrollo de este tipo de juegos para diversas empresas y en varios formatos.

“Comencé reemplazando las preguntas de alternativas por crucigramas en las pruebas que les hacía a mis alumnos. Cuando noté que era una buena idea, le ofrecí a una colega de lenguaje transformar los controles de lectura de los libros obligatorios por crucigramas con pistas. Fue muy útil. Ahí noté que era una buena idea”, relata.

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