Entrevista en EducarChile (extracto)

Patricia Hellberg comenzó su afición a los crucigramas cuando era muy pequeña. Se preocupaba de que cada casilla se llenara de forma certera con sus letras y respuestas correspondientes. Y es que al parecer, los estudios realizados en Cuba, España y Estados Unidos que afirman que los crucigramas y las sopas de letras son herramientas efectivas en el aprendizaje son fidedignos, ya que la pequeña Patricia se transformó en profesora de Matemáticas, titulada de la Universidad Católica, y poseedora de un postítulo en Informática Educativa.

Sin embargo, ella veía en los crucigramas un mayor potencial y decidió desarrollar un instrumento en ayuda de la formación de sus alumnos. Comprendió el lenguaje tecnológico del cual sus estudiantes son nativos y se dispuso a hablarles en su mismo idioma.

Junto a una colega de lenguaje y comunicación, del Colegio Navarra de Puente Alto, diseñó este recurso educativo. Ambas tomaron las temáticas de los libros de lectura obligatoria y se pusieron a trabajar. Antes de los controles los alumnos acudían a responder los crucigramas en los laboratorios de computación del colegio y ante cada acierto recibían “caritas felices”, que finalmente se traducían en puntos bases para la prueba escrita del libro. “El desafío entusiasmaba a los estudiantes a tal punto que después de terminar los crucigramas me preguntaban por las palabras que les habían faltado o me pedían el archivo para poder desarrollarlos en casa”, señala la docente.

En términos concretos, los resultados indicaban que los alumnos mejoraron sus calificaciones de los textos de lectura obligatoria, se notó claramente una mayor lectura de los libros, un mejoramiento de su redacción y su comprensión lectora.

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